había una vez
un puente hecho de pétalos
y piedras

no eran pétalos
tampoco piedras

eran difuntas
palabras vivas
resucitando
en el hervor de un miedo

el puente
unía dos orillas

kilómetros de absenta
y abuelos también nosotros
abriendo y cerrando los ojos
en una cárcel moraleja de temblores
a las 6 menos quince
de la tarde
bajo un castaño
que se inflaba
y se escondía

31° marcaban
los pájaros

el puente
era de madera

pero no cualquier
madera

la eternidad
no se mide por sus nudos
al amar

se mide abrigando
al que se duerme de lluvias
tan de silencio
tan de belleza
tan de te fuiste
cuando me quedé pasmado
en un alboroto de países
y de niñitos desvestidos

tres mil cadenas perpetuas
ocho mil millones de rutinas y anhedonias
y un post
que bordea siempre
el ataque de histeria

podrá nadie creer nunca
en nada

sois duros
como el alfabeto
de la poesía

aquí nadie
se muere

aquí nadie
pierde más de lo que sobra

aquí nadie se ampara por decencia
en los demás

aquí cada uno
cree lo que le conviene
olvidar

        que no me importa delinquir
        si delinquiendo
        te alargo la vida
        y me dices fantasma

       dios te perdone el insulto
       
       y yo el agravio