una sutil vehemencia de antárticas y andamios
recorriéndome la espalda
casi como una mentira
que no quiere ser verdad

y he ahí el calvario/ la quimioterapia gélida del recuerdo
el galope enardecido
que lo jura todo/ y es lo mismo
mientras le sobajeo el hambre
a la memoria

                que voy cautivo de fechas

                y se me acobardaron las gafas
                cuando vi el tumulto

y ese olor...

ese olor a madrugada maligna
que no me lo puedo quitar de encima

ese olor a mueble retorcido
que por las noches
invade el miedo

a geografía convulsa
en el sexo invisible de una bestia
masturbada a navajazos

a suero y vómito/ a pésames

a mausoleos

a desinfectante a jabón a delantales
a tres millones de kleenex
que en el fondo eran pistolas

a cordilleras de neón
monitoreando el escombro de la cigüeña

a parcelas infinitas y enlutadas
QUE NO LAS QUIERES VER NUNCA MÁS EN LA VIDA
pero tu deber es tragártelas de golpe/ chileno herido
pues no te queda otra
entonces cierras los ojos
y es peor

peor porque cuando los cierras
despiertan las noches

y cuando las noches se despiertan
también lo hacen las calles de tierra
en el brutal velorio de los hombres cansados



¿que de quiénes son mis larvas?
 
no son de nadie
 
y no son larvas