subes al autobús que te llevará sano y salvo de regreso a casa
después de pasarte la vida entera mirando árboles/ escuelas
y aguaceros de colores

el autobús de pronto pega un frenazo de padre y señor mío
así como violento
así como que hasta aquí no más llegamos
dulce y parca recesión
 
y el frenazo se debe a que es abruptamente detenido por una horda infesta de maleantes/
sus rostros encapuchados/ se suben gritando consignas antiimperialistas/ arrojan una Molotov sin asco ni cordura hacia los pasajeros

en un segundo todo se transforma en caos/ alguien toma un extinguidor y rompe una ventana/ histérica la gente comienza a arrojarse hacia abajo

un chico de aproximadamente 17 años/ mientras se cuelga para saltar del autobús/ pierde el equilibrio (somos hijos del hastío y también del manoseo)
y se pasa a llevar la carne con un trozo de vidrio

se corta una arteria de la pierna

a los pocos minutos yace desangrado
a un costado del neumático trasero
 
el autobús comienza a incendiarse
como un cuerpo de mujer
temiendo de manera irreversible
al miedo masculino de su valentía
 
todo es un frenético correr hacia cualquier lado
la desesperación siempre es una lucha
y es agotadora

igual que la ansiedad del cazador
que en la mira de su presa
ve a mamá eternamente difusa
quitándole las trampas
al recuerdo
 
tú estás echado sobre la calle
con la respiración agitada
cruzando un shock
de cucarachas/ blusas blancas e inmortales
y somieres rotos
 
abres los ojos los abres los tenías cerrados
sientes en la boca un gusto áspero a ceniza
y a combustible maricón
 
como en un sueño
patrocinado por alguna incierta y trasnochada vanidad
ves que en las terrazas de los edificios cercanos
la gente/ y su impacto genital de medianoche
registra toda aquella matanza
desde sus iPhones de 16 gigas
(y con qué cara después critican a Arjona...)
 
ya es mi segunda vez
que le temo a la organizada violación
de las ambulancias que nunca llegarán
 
tres minutos antes de hacer su arribo los bomberos y la policía
el autobús se infla como la tráquea de una cansada Nina Simone
y estalla en millones de metálicos pedazos/ guillotinas venenosas
volando antojadizas por el aire

por los versos
por cada muda letra en su palabra

mortífera lluvia de esquirlas afiladas
junto a una nube negra
de petróleo
y pelos asados
 
también los gritos

masacrada la culpa por trepar donde ya no hay ramas

intrépido el lanzarse desde lo más alto de un poema
sabiendo que abajo
ya no habrá dedicatoria
 
la cifra oficial de fallecidos es de 23 vidas
 
15 hombres
6 mujeres
y 2 perros
 
los escandalosos terroristas
se escapan en diversas direcciones
van muertos de miedo
saben que se han arruinado la vida
para siempre
 
tú saliste ileso/ corriste desaforado calle abajo/ después cogiste un taxi
llegaste en media hora al bar Cosmopolitan/ aún pestilente a fierros quemados/ a ropas sahumerio/ a carnes infernales
a la hedionda combustión de lenguas torcidas
dentro de su plazo
 
y entraste al Cosmopolitan
 
pediste el baño
y un whisky seco
 
pero que si le pones hielo/ le dijiste a la chica que prepara los tragos
que si le pones un puto y miserable hielo al vaso me escuchaste?
que si le pones hielo al whisky
yo te abro mierda aquí mismo sobre la barra
y te vomito en la cara
la circuncisión bipolar de todo este poema abandonado  
 
la ignorancia obscena
de un mimo lastimado en tu mesías

o en el mejor de los casos
un ente pajero
revolviendo revistas
y recolectando arañas
en los bolsillos
 
porque no hay que ser un cabrón sobreviviente
para darse cuenta
que por arcoíris
llevas altiva un trapecismo de montañas
y yo te creo
 
también
la adicción brutal de los horóscopos

el culto
a no depilarte el vello

o quizás me sobró ternura
en el exceso arrogante
de esta infame humanidad
 
así que no se te vaya a ocurrir
ponerle hielo a mi vaso

date por avisada
que no sólo de hambre
muere el pan
 
sino también de mordeduras/ de improvisados golpes de belleza  
en la tragedia nupcial del embarazo
mío 
 
ese mismo donde azotaste aquel ramo de novia
en el altar insomne de mi pecho
dibujándome un estúpido camino de regreso
imposible de adoquines
de faldas
de eternos viajes sin viajar

y justo es decirlo:

        también de barricadas
        en el infarto cerebral
        de estas palabras